¿Es realmente necesario cortar el pelo a los niños en los colegios?

Cortar el pelo a los niños niños rapado
Hay un comportamiento en nuestra sociedad que está tan normalizado que tengo la sensación de que muy pocos se lo cuestionan. Y no me parece creíble que eso sea así. Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué parece que nadie habla de ello? ¿Por qué se les tiene que cortar el pelo, prácticamente al nivel raso, a todos los niños y niñas en algunos colegios?

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La pregunta que no deja de rondar

¿Es necesario cortar el pelo a los niños en los colegios? Hay preguntas que, desde que me las hice por primera vez, y aunque hayan pasado más de tres décadas desde que pude haberme planteado tales cuestiones , nunca las he vuelto a hacer. Esto puede ser porque, en su momento, la respuesta que obtuve me pareció convincente, o porque no obtuve ninguna respuesta y, con el paso de los años, me encontré con la respuesta de esa manera típica en la que, con la experiencia, parece surgir casi por sí sola.

Pero esta no es precisamente una de esas cuya curiosidad ha sido saciada. Al contrario, es de aquellas para las que, a lo largo de mi vida, he obtenido más de una respuesta, pero ninguna me ha terminado de convencer. Y en eso, desde que era niño, no he cambiado hasta ahora. Si no me convence, no creo. Puedo dejar de preguntar, pero el gusanillo sigue picándome.

Bueno, a lo que voy. Hay un comportamiento en nuestra sociedad que está tan normalizado que tengo la sensación de que muy pocos se lo cuestionan. Y no me parece creíble que eso sea así. Entonces, ¿qué pasa? ¿Por qué parece que nadie habla de ello? ¿Por qué se les tiene que cortar el pelo a los niños y niñas, prácticamente al nivel raso, en algunos colegios?

La tradición en los centros educativos con el tema del corte de pelo

Yo tuve la suerte de no haberlo sufrido. Digo suerte porque nunca me ha gustado que me cortaran el pelo. Y, por casualidades de la vida, no tuve que ir a ningún colegio ni instituto donde se aplicara esa norma, al menos no de manera tan drástica. Digo, la norma para mí era ir “decentemente”. El pelo tenía que estar “arreglado”. Este “arreglo” significaba que debía estar peinado, al menos mínimamente. Claro, no podías tener melena, así que de vez en cuando había que cortártelo, pero siempre con un corte formal.

Existe una lista de cortes “formales” y “no formales”. Siento no poder profundizar mucho más en este aspecto, pero quiero resaltar que, en general, se esperaba que te cortaras el pelo, y dentro de ese corte, podías elegir entre algunos modelos más o menos curiosos, de la amplia variedad disponible. Aunque, eso sí, no era bien visto que lo dejaras muy largo. Es justo en este punto al que quiero llegar, pero permíteme tomarme un vaso de agua, que hay que ir con calma.

Siguiendo con el tema del pelo en los colegios e institutos a los que asistí, tenerlo “arreglado” no obligaba, a diferencia de los niños, a que las niñas tuvieran que cortárselo. Ellas tenían el derecho de verse lindas con su melena. Podían recogerlo, soltarlo, trenzarlo, y jugar con sus más variados estilos, pero siempre “formales”.

No era este el caso en muchos centros administrados por sacerdotes y monjas, que, sin dudarlo, eran también los más prestigiosos del país. En estos lugares, sin importar si eras niño o niña, se te cortaba el pelo si querías seguir estudiando en este centro. No, voy a decirlo mejor, te rapaban la cabeza. Tal cual.

Justificaciones tradicionales sobre cortar el pelo en los niños

Una de las razones que oí en su momento sobre la norma del corte de pelo era que este era considerado una distracción para los niños y, sobre todo, para las niñas. Tener que cuidarlo conllevaba dedicarle tiempo extra, que, según esta lógica, debería dedicarse únicamente a los estudios. Además, podría generar distracción en el colegio, ya que al aplicar peinados y arreglos variados, los compañeros podrían desviar su atención de lo que estuviera diciendo el maestro, enfocándose más en el peinado de quien estuviera a su lado, especialmente si se trataba de una compañera.

Alegaban también que el pelo siempre crece, por lo que, una vez fuera de la edad escolar, tendrían toda la libertad de hacer lo que quisieran con su vida, habiéndose asegurado en la escuela de que recibieran la mejor preparación posible para que pudieran sobresalir como hombres y mujeres ejemplares. Hacer lo que quisieran con su vida, claro está, implicaba también cuidar su cabello.

El dilema entre la formación y la identidad

Aunque estas razones parecieran convincentes, nunca han logrado satisfacerme por completo. Con el tiempo, me convencí de que, por una cuestión tan superficial como esta restricción sobre el pelo, no permitiría que mis hijas se educaran en un colegio de monjas, sacerdotes, hermanos, etc., donde existiera esta norma.

Cualquier pensaría que era una locura privar a las niñas de ir a uno de estos colegios, sólo para que no tuviera que verme obligado a cortarles el pelo. La educación que buscaba para ellas es la que ofrecen práctiamente esos colegios. Esa formación en valores como la disciplina, el respeto y la responsabilidad de los maestros en cuanto a la calificación y desarrollo de sus alumnos, es algo que, lamentablemente, es difícil de encontrar en muchos de los centros educativos que tenemos hoy en día, incluidos los que se presentan como los más modernos. Pero lo que no quería era que, por tener que llevarlas ahí, mis hijas crecieran sin pelo, rapadas, en contra de su voluntad y la mía. Porque, al final, esto significaría una derrota en mi lucha contra ese pensamiento que llevo tiempo cuestionando.

He pasado por muchas dificultades, haciendo lo mejor que podía para educar a mis hijas en valores y en otros centros educativos… hasta que llegó el momento de ingresarlas en uno de estos colegios, por las razones mencionadas anteriormente. Y, más de 30 años después, me encontré de nuevo con el mismo problema: les tenía que cortar el pelo a los niños y niñas. Más de 10 años de cuidados se desvanecían en un instante.

Aunque había rechazado esta idea en varias ocasiones, ahora debía tomar una decisión. ¿Debería inscribirlas en un centro que, en mi opinión, era mejor, pero donde perderían temporalmente su cabello mientras asistieran? ¿O debería mantener su cabello intacto, sacrificando una educación de mayor calidad? ¿Es tan importante el pelo?

Perspectiva histórica y discriminación implícita

Pero la cosa no termina ahí. En mi afán por entender lo que parecía ser una preocupación únicamente para mí, escuché a una docente con muchos años de experiencia, que vivió como estudiante en los tiempos de la colonia y los primeros años de independencia, cuando estas normas estaban firmemente impuestas y nosotros estábamos prácticamente dominados por los blancos. Ella me contó que, en su tiempo, también vivieron lo mismo. Y lo más curioso es que para ella era algo normal. “¿Qué hace una niña con pelo?”, me dijo. “No lo necesita. El pelo distrae.” Prácticamente, era todo lo que había escuchado durante años.

Un sistema que parecía justo, pero no lo era

Pero la historia dio un giro cuando comenzó a narrarme cómo era ser becaria de estudios en el internado en ese momento: el sueño de todo padre que deseaba la mejor educación para sus hijos. Me habló de lo difícil que era conseguir una beca de estas y de lo ventajoso que era educarse viviendo con las monjas. La alimentación, la mensualidad que, por cierto, les cubría la escolaridad a ellos y además ayudaba a sus hermanos pequeños que no habían tenido la suerte de ganar la beca para el internado, eran solo algunas de las cosas que más valoraban.

Me contó muchas cosas interesantes aquella noche hasta que llegamos al punto de no retorno. También había blancos en el internado, hijos de españoles, generalmente. “¿Así?”, pregunté. “Sí, y no era como en la iglesia, donde los blancos se sentaban en las sillas de adelante y los negros nos quedábamos atrás. En la escuela nos sentábamos todos juntos.” “¿De verdad? ¡Oh, debe haber sido maravilloso!”, respondí, mostrando interés por una historia que ahora me parecía algo distante. “Sí, bueno, pero no compartíamos dormitorios ni comíamos juntos.” “Mmm, interesante”.

La regla que no era igual para todos a la hora de cortar el pelo a los niños

Mi curiosidad aumentó, así que me atreví a preguntar: “¿Y a los blancos del internado, les cortaban el pelo como a ustedes, los negros, tanto a niños como a niñas?”. “Nooo, qué va. Los blancos mantenían su pelo. Las niñas llevaban su melena sin ningún problema, bien arregladita.” “Ajá”, me dije para mis adentros. El orden, la disciplina, la distracción, la igualdad y todo lo que se argumenta para justificar esta norma solo se aplicaba al pelo de los negros… Bien, bien.

No quise que la conversación siguiera, para evitar llevarla a lugares no deseados, pero acababa de confirmar mi sospecha. El corte de pelo era algo más que una simple regla de disciplina. Había una connotación racial, discriminatoria, despectiva… o como se quisiera entender. Y ese es el “gusanillo” que siento que me estaba picando desde que me hice esta pregunta.

Impacto psicológico y cultural

Es tanto el legado que ha dejado este período colonial que, en la calle, una chica no duda en preguntar a otra si le pasa algo raro al ver que lleva su pelo suelto, en afro, sin al menos tenerlo trenzado. Es tan así que la mayoría de las mujeres que lo llevan al natural es porque no tienen dinero para hacerse trenzas o comprar una peluca, o porque están dándole un respiro a su cabeza antes de ponerse la siguiente peluca o hacerse nuevas trenzas. Uno de los estilos más aceptados es cuando se utilizan productos químicos para alisar el cabello, con la idea de que se asemeje al de los “blancos”.

Es tal el impacto de este legado colonial, que hay mujeres preciosas, con un cabello afro hermoso, que lo ocultan bajo una máscara de peluca de cabello natural indio, que ahora se conoce como “aguacate”. Antes de que pudiéramos permitirnos este tipo de pelucas, nuestras mujeres se conformaban con comprar las sintéticas, que eran más baratas.

Cortar el pelo a los niños: Un complejo profundamente arraigado

¿Y luego la gente se pregunta por qué estamos tan acomplejados por tener el cabello afro? ¿Por qué en muchas pasarelas y ceremonias vemos a las modelos negras con pelucas de cabello liso, mientras que no vemos a ninguna mujer blanca con una peluca de cabello afro? La respuesta es sencilla: ellas se sienten guapas con su cabello, mientras que nosotros pensamos que el nuestro es feo. A los hombres nos atrae más el cabello liso. Las mujeres se sienten más bonitas y cómodas con el cabello liso, y si no pueden permitírselo con su propio cabello, ya que mantenerlo en ese estado requiere un esfuerzo constante, recurren a una peluca de cabello liso.

Ya no están los blancos gobernándonos, pero parece que aún sí lo están. Porque se nos metieron tan bien estas ideas en la cabeza que, hasta cosas triviales que podríamos cambiar fácilmente, educando de nuevo desde la base, siguen bloqueando el libre pensamiento de la población, más de 50 años después de la independencia. No podrían habernos lavado mejor el cerebro. Hay muchos temas de los que hablar, pero hoy me apetece tocar este.

El papel de la educación en la transformación social

Y de nuevo me pregunto, ¿realmente existe una razón suficiente para que se les corte el pelo a los niños y las niñas en muchos de estos colegios? ¿Por qué no se les enseña, en cambio, a cuidar su cabello, a lavarlo, a protegerlo, a quererlo? ¿Por qué no se les enseña desde pequeños, de manera que, cuando crezcan, no tengan los complejos derivados de haberse acostumbrado a que las personas consideradas «guapas», lleven pelo liso, ya sea natural, «quemado» o una peluca?

No es de extrañar que, en muchos países del Caribe y África, la gente se haya rebelado contra esta práctica en los colegios. Muchos consideran que esta prohibición es una forma de discriminación y racismo, a través de la cual hemos ido perdiendo nuestra identidad. El cuidado de nuestro cabello es una manera de empoderarnos a través de él.

En muchas sociedades occidentales o con población blanca, sigue siendo frecuente que una persona negra tenga que cortarse el cabello para acceder a un tipo de trabajo, por considerarse un cabello «feo» o «rebelde», sin importar lo bien que lo cuide. Sin embargo, en esos mismos trabajos, a las personas blancas no se les exige cortarse el cabello.

Lo que resulta aún más llamativo es que, aquí, en un país totalmente africano y de africanos, tengamos los mismos complejos. Hombres y mujeres, no solo tienen problemas para conseguir trabajo en muchos lugares por el tipo de cabello que tienen, sino que muchos se sienten menos presentables y feos cuando lo llevan largo.

El peso de los estándares de belleza y la pérdida de identidad

En gran parte de los salones de belleza que tratan el cabello afro, las únicas opciones que siguen siendo populares son cortarlo, trenzarlo o alisarlo de manera que «duerma», aunque no sea su estado natural, para que se vea más «bonito». Es tan fuerte esta influencia que incluso las personas que tienen el cabello más liso de forma natural, por ser de ascendencia blanca o mestiza, se consideran más atractivas solo por la manera en que tienen su cabello.

Quiero dejar claro que no estoy en contra de usar pelucas, alisarse el cabello o incluso cortárselo. Soy consciente de que cada quien es libre de arreglarse de la manera que le haga sentir más bonito o bonita. Además, es positivo para la mayoría de nosotros cambiar de vez en cuando nuestra apariencia y probar un look diferente, para vernos «renovados». Lo que sí me preocupa es que, en nuestro subconsciente, haya madurado la idea de que nuestro cabello es «malo» y por eso lo ocultamos. Que nos sintamos más guapos con el cabello de los «blancos», porque sí creo que, en este caso, hemos llegado a perder nuestra identidad. Y cuando uno pierde la identidad, también pierde, de manera indirecta, la credibilidad.

Conclusión sobre el tema de cortar el pelo a los niños

La norma de cortar el pelo a los niños en los colegios, especialmente en contextos donde predomina la herencia colonial, tiene implicaciones más profundas que la mera disciplina. Refleja un legado histórico de discriminación y estereotipos que, lejos de ser inocuo, afecta la percepción cultural y psicológica de las personas afrodescendientes.

Es fundamental cuestionar estas prácticas y abrir espacios de reflexión y educación que promuevan el respeto y la valoración de la diversidad. De lo contrario, seguimos perpetuando ideas dañinas que, más de 50 años después de la independencia, deberían haberse superado. ¿Es realmente necesario cortar el cabello de los niños, o es hora de enseñarles a cuidarlo y valorarlo como parte de su identidad?

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